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La Almudena, la fiesta que Madrid celebra sin prisa

Photo: Jens Peter Olesen / Unsplash (Unsplash License)

Madrid tiene sus grandes citas de verano, pero hay un momento del calendario que pertenece a los madrileños de siempre: los días alrededor del 9 de noviembre, cuando la ciudad honra a la Virgen de la Almudena, su patrona. Es una fiesta menos turística que San Isidro, más recogida, y precisamente por eso merece la pena vivirla.

Qué se celebra y dónde

La Almudena es la patrona de Madrid desde que Alfonso VI reconquistó la ciudad en el siglo XI, según cuenta la leyenda de la imagen escondida en la muralla. El corazón de las fiestas está en la catedral que lleva su nombre, junto al Palacio Real, y en su entorno: la calle Mayor, la plaza de la Villa y el eje que baja hacia la Almudena vieja.

El 9 de noviembre es el día grande. Hay misa solemne y, por la tarde, la procesión con la imagen de la Virgen recorriendo el casco antiguo entre autoridades, cofradías y vecinos. No esperes un espectáculo multitudinario al estilo andaluz: aquí el tono es más sobrio, castizo, con mucha gente rezando de verdad. Llega con margen si quieres ver salir la procesión desde un buen sitio.

El sabor de la fecha: las rosquillas y algo más

Toda fiesta madrileña tiene su dulce, y el de la Almudena son las rosquillas, sobre todo las llamadas "de la Almudena", que las pastelerías tradicionales sacan expresamente estos días. Búscalas en confiterías de barrio del centro más que en cadenas.

Como noviembre es temporada, aprovecha para comer de otoño:

  • Cocido madrileño en tabernas de toda la vida (La Bola es la referencia, pero cualquier casa de comidas del centro cumple).
  • Callos a la madrileña, plato de días fríos donde los haya.
  • Castañas asadas en los puestos de la calle, el olor que anuncia que ha llegado el frío.

Reserva mesa para el cocido: en fin de semana festivo se llena.

Cómo montar el viaje

Del 1 al 9 de noviembre hay actos religiosos y culturales repartidos, así que no hace falta ir solo el día 9. Un fin de semana largo cunde: mañanas de museo (el Prado y el Reina Sofía siguen siendo el gran argumento cultural de Madrid), tardes de barrio y noche de tapeo por La Latina o Lavapiés.

El tiempo en noviembre pide chaqueta y quizá paraguas; en Madrid puede hacer un frío seco por la mañana y templar al sol del mediodía. Vístete por capas.

Hay vuelos directos entre Tel Aviv y Madrid, cómodos para un puente de otoño, y el aeropuerto conecta con el centro en metro o Cercanías en poco más de media hora.

Mi recomendación honesta: no vayas buscando un gran festival, sino un Madrid que se muestra tal cual es. La Almudena es la ocasión perfecta para pasear sin agenda, comer bien y dejar que la ciudad te lleve.