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Día de Muertos en la CDMX: llegar antes de que todo florezca

Photo: Roger Ce / Unsplash (Unsplash License)

El error clásico es aterrizar el 1 de noviembre pensando que ese día empieza la fiesta. Para entonces la ciudad lleva semanas montando su liturgia. Si viajas del 28 de octubre al 2 de noviembre, caes justo en la subida de la marea: las ofrendas ya están puestas, el cempasúchil ha tomado los mercados y el desfile grande —ese que nació, curiosamente, de una película de James Bond— suele caer el último sábado de octubre o el primero de noviembre. Verifica la fecha exacta del Gran Desfile de Día de Muertos apenas la publique el gobierno capitalino, porque de eso depende medio itinerario.

Dónde el rito todavía es rito

El Zócalo se convierte en una ofrenda monumental y en un mar de gente disfrazada de catrina; vale la pena, pero es el escaparate, no el corazón. Para algo menos pulido:

  • Mixquic, al sur de la ciudad, hace su "alumbrada" en el panteón la noche del 1 al 2 de noviembre. Miles de veladoras, familias velando a sus muertos, olor a copal. Es lo más cercano a la tradición sin artificio, aunque implica traslado largo.
  • Coyoacán y San Andrés Mixquic para las ofrendas de barrio, tamales y ponche.
  • El Museo Anahuacalli, de Diego Rivera, monta cada año una ofrenda gigantesca que merece la visita por sí sola.

Comer como se debe en estas fechas

El pan de muerto no es un souvenir: es temporada. Búscalo en panaderías de tradición —Rosetta, Panadería Ideal, o cualquier local de barrio con cola— y cómelo con chocolate de agua. Es el momento de los tamales, el mole y, si tu estómago colabora, del mezcal servido sin prisa. Reserva mesa en los sitios grandes; con tanto turismo interno, la ciudad se llena de mexicanos que también viajan para estas fechas.

Lo práctico del vuelo desde Tel Aviv

No hay ruta directa: cuenta con una escala en Europa (Fráncfort, Madrid, París) o en Estados Unidos, y entre 18 y 24 horas de puerta a puerta. Consejos que ahorran dolores:

  • Si conectas por EE. UU., necesitas ESTA aunque sea solo tránsito. Por Europa te evitas ese trámite.
  • Compara volar a AICM (Benito Juárez) contra AIFA (Felipe Ángeles): el segundo suele salir más barato pero queda lejos y mal conectado. Suma el traslado antes de celebrar la tarifa.
  • El cambio horario es brutal (nueve horas menos). Llega uno o dos días antes; querrás estar despierto para las noches, no derrotado por el jet lag.

El consejo honesto

No intentes ver todo. La CDMX en estas fechas es intensa, altitud de 2.240 metros incluida, y correr entre panteones te dejará agotado sin haber sentido nada. Elige una noche de cementerio, una ofrenda que te importe y muchas caminatas sin plan. El Día de Muertos no se visita: se acompaña. Y desde tan lejos, ese cambio de actitud es lo que hace que el viaje larguísimo valga cada escala.

Día de Muertos en la CDMX: llegar antes de que todo florezca