La Paloma: el Madrid más castizo se toma La Latina en pleno agosto
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Hay quien cree que Madrid se vacía en agosto. Y en parte es verdad: media ciudad huye al mar. Pero justo cuando el asfalto arde y las persianas de medio centro están bajadas, los barrios de La Latina, Las Vistillas y la calle Toledo se llenan de guirnaldas, mantones y organillos. Son las Fiestas de la Virgen de la Paloma, del 11 al 15 de agosto, y son lo más parecido que existe a viajar en el tiempo sin salir de la capital.
Qué es esto de una verbena castiza
No esperes un gran festival con escenarios de neón. La Paloma es una fiesta de calle, de barrio, hecha por y para los vecinos. La imagen que la resume: parejas mayores bailando chotis en una plaza, la mujer girando alrededor del hombre que apenas mueve los pies sobre una baldosa imaginaria. Verás chulapos y chulapas con clavel y pañuelo, farolillos de papel cruzando las calles y puestos de rosquillas y limonada (esa mezcla de vino, fruta y azúcar que engaña por lo suave).
El corazón está en la iglesia de la Virgen de la Paloma, en la calle de la Paloma. El día 15, la procesión saca a la Virgen y los bomberos de Madrid la acompañan por tradición, algo que los madrileños viven con verdadero cariño.
Cómo vivirlo sin parecer turista despistado
- Ve al atardecer, no a mediodía. En agosto el sol de Madrid no perdona. La fiesta cobra vida cuando cae la tarde y refresca.
- Cae por Las Vistillas. Los merenderos con vistas al oeste son el sitio clásico para una caña y ver ponerse el sol antes de meterte en el bullicio.
- Come antes de la verbena. Aprovecha las tabernas de La Latina: unas bravas, oreja, un bocadillo de calamares camino de la Plaza Mayor. Es el prólogo perfecto.
- Déjate llevar por la música. Habrá pasodobles, chotis y también orquestas con temas más modernos. Nadie te mira si no sabes bailar; aquí se apunta todo el mundo.
Un par de avisos honestos
Es calor de verdad: lleva agua, gorra y calzado cómodo, porque se anda y se hace cola. Las calles se llenan mucho de noche, sobre todo el fin de semana, así que si viajas con niños o prefieres tranquilidad, las primeras horas de la tarde son tu momento. Y reserva alojamiento con tiempo: coincide con el puente de la Asunción y Madrid, pese a la fama, tiene esos días bastante demanda.
Por qué merece el viaje
Desde Tel Aviv hay conexiones directas y cómodas, y agosto es de esos meses en que Madrid ofrece su cara menos institucional y más humana. La Paloma no sale en los grandes reportajes de viaje, y precisamente por eso es auténtica: no está montada para el visitante, sino para el barrio. Colarte en ella es la mejor forma de entender el Madrid castizo, ese que baila apretado en una plaza mientras suena el organillo.